lunes, 21 de marzo de 2016

Piteas, el explorador de Thule




Ahora toca hablar de un personaje intrépido, aventurero y un poco loco, como todos los soñadores. Un griego que dio mucho de qué hablar a sus contemporáneos y temas para muchos artículos a los historiadores posteriores. Porque tuvo la idea de buscar qué había en los mapas en los lugares donde se dibujaban dragones y sirenas turgentes.

 Piteas era de la griega Massalia, para los romanos Massilia, y hoy en día Marsella. Ciudad fundada alrededor del 600 a.C. por los griegos más marineros y aventureros de todos: los foceos. Unos tipos que fueron durante el siglo VII a.C por el Mediterráneo. fundando colonias como si no hubiera un mañana, peleándose con los cartagineses en cada ensenada y descubriendo para los griegos la lejana Iberia y el mítico Tartesos, ese lugar que ahora nadie encuentra.

 Así que es normal que los massaliotas tuvieran desde el principio una fuerte vinculación con el mar  y que, al igual que su ciudad madre, en poco tiempo fundasen colonias propias por el sur de la Galia.
 Según se contaba en época romana, Massalia había enseñado la "civilización" a los galos, pero es evidente que también les había vendido, a buen precio, los productos necesarios para ser un civilizado de verdad, como el vino, el aceite, la cerámica griega y demás lujos decadentes; todos a cambio del valioso estaño y el precioso ámbar, entre otras bagatelas, que los galos ofrecían desde las rutas del norte. De esta manera, Massilia se convirtió en una ciudad próspera, donde a mediados del siglo IV a. C. nació nuestro Piteas.

La Massalia de Piteas
 Nada sabemos de su juventud. Pero es evidente que llegó a ser un marinero de reconocido prestigio, con amplios conocimientos de astronomía. 
 En algún momento entre los años 325 y 310 a.C,,  no se puede concretar más por mucho que se especule, nuestro Piteas se embarcó en un viaje extraordinario hacia lo desconocido.
Los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha exacta, pero tampoco en el motivo de tal gesta. Por mucho que se barrene, e incluso algunos afirmen con pasión, no sabemos si fue enviado por el gobierno massaliota, comandando una expedición oficial, si fue por propia iniciativa o si por encargo de un grupo de mercaderes en busca de nuevas rutas. Pero está claro que era un marinero culto y con mucho oficio cuando se puso a la tarea.

El mundo en tiempos de Piteas

La obra que escribió sobre su viaje no se ha conservado más que por referencias y citas de otros autores. Ni siquiera sabemos cúal era su verdadero título. Algo como "Sobre el Océano", "Descripción del Océano" o solo "Océano" a secas. Nadie se pone de acuerdo. Todo lo que nos queda de él son referencias y citas de otros, que, muchas veces, están citando a otros que lo han leído.

Tampoco se sabe cómo llegó al océano del que tanto habla. Pudo ser cruzando a pie por el sur de la Galia hasta el río Garona o quizá el Loira, y luego bajando por el río hasta la costa. Una ruta bien conocida por los mercaderes de Massalia, que seguramente tenía acuerdos de paso con las tribus de la zona. Esta ruta evitaría rodear la península ibérica y enfrentarse a los suspicaces cartagineses, que prohibían a los mercantes griegos cruzar el estrecho de Gibraltar, para así proteger sus propias rutas de comercio. Es una idea que viene ya de historiadores del siglo XIX y la única ruta que defiende Joseph Hall en el primer número de "Ancient History", una revista que acaba de salir y les recomiendo.

 El problema de esta lógica y más corta ruta es que, Piteas, al llegar a la desembocadura del Garona, tendría que navegar por el océano como pasajero en barcos locales que hiciesen las rutas de la costa atlántica; porque Massalia no tenía puerto propio en el Atlántico, y esto implica ir con pocos acompañantes y equipaje, y teniendo que contratar intérpretes, siempre dependiendo de los deseos de otros... y bueno, no eran tiempos seguros para el turismo. En mi opinión, es una teoría improbable por demasiado arriesgada. Piteas, como buen marino, necesitaba un barco propio, preparado para una larga expedición, y una buena tripulación en la que confiar.
Aparte, el escéptico Estrabón, que siempre tacha de mentiroso a Piteas, nos cuenta que una de las distancias que Piteas mide desde Gades (Cádiz) es falsa. Lo que parece indicar que en su viaje fue dando la vuelta a la peninsula.

El viaje de Piteas

 Pero entonces, ¿cómo evitó a los celosos cartagineses?
Quizá no fueran tan antipáticos. Sabemos que en esa época Cartago y Massalia llevaban mucho tiempo sin hundirse barcos el uno al otro y que los cartagineses habían acordado un tratado con la pequeña Roma en 348 a.C., en el cual permitían comerciar a los romanos por todas sus rutas. Así que tan celosos de lo suyo no eran los hijos de Tanit. Es posible que Massalia tuviera un acuerdo similar en ese tiempo, que permitió a Piteas cruzar el Estrecho de Gibraltar sin tener galeras cartaginesas siguiendo su estela.
Aunque también hay quien dice que pudo navegar de noche y esconderse de día, cual furtivo espía. Pero ya parece una teoría que anda buscando una película de aventuras.
Fantasiosa reconstrucción de la nave de Piteas del siglo XIX
¿Pero cuántos van ahí dentro?

 Nada sabemos del principio de su viaje, a los autores antiguos les gustaba citar la parte media y final, hasta dónde llegó antes que nadie, porque era lo más interesante a sus lectores. Es seguro que visitó para avituallarse los puertos de la costa atlántica peninsular en donde comerciaban los cartagineses, seguramente atracó su barco en la actual Lisboa y en la Ría de Vigo, que sabemos por la arqueología que trataban de una forma habitual con los fenicios desde hacía un siglo o más y eran centros de distribución al interior de sus productos. 
 Sin embargo, más allá de Finisterre, ya desde las Rías Altas, los productos fenicios son menos abundantes, por lo que parece que era una ruta de riesgo, propia de aventureros y expediciones organizadas. Pero fuese dura o fácil la singladura, por suerte o por ciencia, lo cierto es que Piteas y su barco acabaron llegando hasta las costas brumosas de Britania.

Más realista reconstrucción de su nave... Si fuese una birreme

Isla que es Piteas quien le da ese nombre por primera vez para los griegos. Aunque variantes manuscritas la llaman "Pritania", y sabiendo como hablaban los celtas de la zona, en origen parece que era ese nombre el que Piteas oye y le da a la isla, pues viene del gaélico "Ynis Pridein" (isla de los pintados), quizá por la manía de los britanos de tatuarse y pintarse para la guerra. Pero luego vinieron los romanos y su peculiar forma de pronunciar y la llamaron Britania.

 El viaje de Piteas no era solo de exploración comercial, sino también científico. Allí por donde iba medía la latitud desembarcando en tierra, clavando un palo en la tierra, midiendo su sombra en el suelo, sobre una línea dibujada norte-sur, aplicando una simple fórmula matemática y comparando con medidas anteriores. Un método que puede parecer pedestre, pero que a Eratóstenes pocos años después le sirvió para medir el radio de la Tierra con escaso error y a Piteas le proporcionó datos de su situación, algunos de los cuales han llegado a nosotros gracias a Hiparco, a través del astrónomo Ptolomeo, y coinciden de forma aproximada con lugares actuales por la costa de Bretaña, la isla de Man y la isla Lewis, en el archipiélago de las Hébridas.

Las Hébridas. 

También tomaba notas de lo que llamaba su atención, como las mareas del Atlántico, mucho más grandes, vistosas y peligrosas que las del Mediterráneo. Además, fue el primero en relacionarlas con las fases de la luna. Pero sus notas, según viajaba más al norte, parecieron cada vez más fantásticas y falsas a los geógrafos posteriores.

 Porque Piteas llegó al extremo norte de Gran Bretaña, de eso no hay duda, parece que navegando por el oeste de la isla, según las latitudes que nos ha dejado, ¿conocía ya el lado oriental de otro viaje? Quién sabe. Pero después siguió todavía más al norte, buscando el círculo polar, llevado por su evidente espíritu de aventura y una curiosidad carente de miedo. Era de las personas idealistas que piensa que el mundo gira a su alrededor, pero si no lo hace, en vez de rendirse, sujeta el eje y lo hace girar en la dirección que quiere.
A partir de Britania, todo son dudas y conjeturas. Estrabón nos dice que Piteas

"asegura que exploró en persona toda la región norte de Europa hasta los confines del mundo."

Estrabón también nos explica lo que significa para Piteas el fin del mundo: la isla de Thule.
 No lo cree, porque Estrabón es un escéptico de manual y piensa que si nadie mencionó antes a Thule, solo Piteas, es porque tal sitio no existe. Una conclusión lógica un poco extrema. Sin embargo, para los modernos historiadores eso es una prueba de que fue el primero que llegó allí y nos lo contó. Lo que también es aplicar una lógica extrema. En fin, cosas de historiadores.

Volcán de Islandia bajo la aurora boreal

 Esta isla se encuentra, según Plinio, a seis días de navegación del extremo norte de Gran Bretaña, cerca del "mar solidificado". Plinio también nos añadirá que esta isla no tiene noches en verano y que se llega a ella desde la isla de Berrice "las más larga de todas" en la zona norte de Britania, que puede ser la isla Lewis de las Hébridas... a partir de aquí los historiadores antiguos y modernos se vuelven locos buscando una localización para la misteriosa Thule: que si las islas Feroe, que si Islandia, que si las islas Shetland, que si la costa de Noruega... hasta Groenlandia se ha propuesto.
Lo cierto es que Thule estaba habitada, según Piteas, por gente que:

"vive del mijo y otras hierbas, y de frutas y raíces; y donde hay grano y miel, obtienen su bebida a partir de ellos."

Claramente nos habla de un pueblo agrícola, que parece muy aficionado al aguamiel, lo que puede quitar de candidatas a Islandia y Groenlandia, que no se colonizarían hasta la era vikinga. Quizá sea más probable la teoría de la costa noruega.

Costa noruega (Stortinn)


 Otro de los textos de Piteas que causó sensación y el desprecio de muchos autores antiguos es su descripción del "mar solidificado" ("peppeguia thalatta" en griego y "mare concretum" en latin), que le impidió seguir más al norte y que consideró el último límite del mundo. Según Estrabón, Piteas:

"también habla de las aguas alrededor de Thule y de aquellos lugares donde la tierra, propiamente hablando, no existe, ni el mar ni el aire, sino una mezcla de estas cosas, como un “pulmón marino", en el que se dice que la tierra y el agua y todas las cosas están en suspensión, como si ese algo fuese un vínculo entre todos estos elementos, en la que uno no puede ni caminar ni navegar.”

Es lo que llamamos mar helado. Lo del “pulmón marino” puede venir de una de sus formas más comunes, en la que parece círculos y óvalos que flotan en el agua. 


Los "pulmones marinos" de Piteas


Como ya no podía seguir, Piteas volvió a casa por otra ruta en su afán de descubrir nuevas maravillas. Según Estrabón, que vuelve a decir que Piteas es un gran mentiroso, nuestro marsellés relató también lo que hay más allá del Rin, tan lejos como Escitia. En la época de Estrabón, Escitia empezaba más o menos en el río Vístula, así que Piteas debió visitar la costa báltica de la actual Alemania y Polonia hasta llegar a ese río. Esto implica que se metió por el Mar Báltico a la vuelta, si es verdad que todo lo que cuenta lo exploró en persona. 

  Plinio, además, añade que llegó hasta el territorio de los gutones (¿godos?) y la isla de Abalus, que llamó Basilia. 

“en cuyas costas las olas arrojan ámbar en primavera, que es una excreción del mar en una forma sólida. Los habitantes usan este ámbar a modo de fuel y se lo venden a sus vecinos, los teutones.” 

 Al fin, tras mucho navegar, había encontrado el sitio desde donde sus paisanos massaliotas recibían el ámbar. Esta isla de Abalus ha tenido toda clase de localizaciones, desde Heligoland a Zelanda en el Atlántico, a la bahía de Gdansk y la laguna de Curlandia, en el Báltico. Todo depende si se acepta que Piteas entró en el Báltico o volvió directamente bajando por la costa alemana del Atlántico. 

Playas de Gotland, donde aparece el ámbar

 Pero sus viajes no acaban con esta expedición al norte. Ni mucho menos. Piteas no era de los marineros que se quedaban en la taberna del muelle contando su historia. Según Polibio: “en su retorno, recorrió toda la costa de Europa desde Gades hasta Tanais.” Esto significa que al volver a Massilia, donde seguramente recuperó fuerzas y arregló desperfectos de su barco, siguió hacia el Este. Quizá tras navegar por el Báltico pensó que se podía dar la vuelta a Europa por algún lado, y lo intentó en dirección contraria a las agujas del reloj. 

 Lo cierto es que llegó hasta bien arriba del Mar Negro, seguramente al Mar de Azov, donde desemboca el Tanais (actual Don). Aunque es una zona que los griegos ya conocían y Piteas debía de saber que por ahí no se podía ir más al norte. Quizá fuese una simple expedición comercial para Massilia que no tiene nada que ver con su primera expedición... o como quería explorarlo todo por sí mismo, quiso asegurarse de que no se podía dar la vuelta a Europa. 

 No sabemos si los masaliotas lo recibieron como un héroe o su regreso pasó desapercibido entre la algarabía de gritos, gaviotas chillonas y otros ruidos varios del puerto marsellés. Tampoco sabemos la importancia que en su tiempo tuvo su obra, aunque alguna debió de tener, pues sabemos que fue citado por posteriores geógrafos e historiadores al hablar sobre el norte de Europa. Quizá porque era la única fuente sobre la zona. Nadie se atrevió después a ir tan hacia el norte.

 Sin embargo, aunque ahora es bien valorado y se reconocen sus hallazgos, en la época romana se desconfiaba bastante de su obra. Estrabón, como ya hemos visto, no para de decir que miente cada vez que lo cita, y Polibio, mucho más directo en su estilo, llega a tacharlo, literalmente, de “pobre hombre” e “idiota”. Pero Polibio era demasiado realista para aceptar que había un lugar donde la gente caminaba sobre un mar petrificado y la noche duraba meses. Piteas sufrió el problema de todos los descubridores de maravillas: que nadie los cree, excepto los soñadores como ellos. 

Ámbar, el sueño de los mercaderes massaliotas


 Pero seguramente A Piteas le daría igual. Después de descubrir el mar helado, sufrir la noche permanente, asombrarse de las costas escarpadas de Escandinavia o Islandia, padecer las tormentas del Mar del Norte, cruzar nieblas espesas como sábanas, ver el ámbar brillando en las playas de Abalus... qué más da lo que luego pensaran los demás. 









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